Ya había salido más veces al mar, pero nunca había llegado a un lugar que estuviera tan lejos de su lago, seguramente si aquel tiburón no le hubiese dicho que se acercase ella nunca lo hubiese hecho. Pero la princesa cisne, puso toda su confianza en aquel tiburón. Era martes cuando las nubes empezaron a encapotar el cielo y el tiburón esbozó una sonrisa, una sonrisa que hizo estremecerse a la princesa e intentó salir corriendo, pero era demasiado tarde. Estaba atrapada y el tiburón la acechaba, intentó acabar con ella, destruyendo la seguridad que tenía en sí misma. Empezó convenciéndola de que no era un cisne, era tan solo un patito feo al que nadie quería; después la susurró que llevaba años escuchándola cantar y que, aunque a aquella princesa le parecía que salían hermosas melodías de sus labios, tan solo soltaba un graznido tras otro y los pequeños animales del lago se alejaban de ella cada vez que decidía cantar una nota. Ahora llegaba el momento final, la princesa cisne debía morir. El tiburón abrió la boca lentamente mientras ella con los ojos empapados en lágrimas esperaba su final ahogada por la mentira, las dudas y sabiendo que en estos momentos nadie vendría a salvarla
En colaboración con Lonely Heart: http://thelonerheart.blogspot.com.es/
